Adiós 2015

Este año comenzó de una manera distinta, por primera vez no pasé año nuevo con mi familia, bueno en cierto modo sí, pues los amigos son esa familia a la que te puedes dar el lujo de escoger, y creo que esta vez escogí bien.

Antes de comenzar, les pongo la rola que escuché para escribir esta entrada, esperando les lleve al mismo mood que me puso a mi.

También tuve el que, sin saber, sería mi último cumpleaños en el DF, no cabe duda que hay que aprovechar lo que se tiene cuando llega y no vivir esperando de la gente, estuvo quien quiso estar y eso vale más que la presencia por compromiso. En este cumpleaños decreté que sería el año de los “yo nunca”, y me di chance de hacer cosas que antes no hacía, ir al centro, comer suadero en la calle, cambiar de casa, de trabajo, de amigos, de ciudad.

Abril, fue un mes muy dificil,  pero solo sería el principio de muchos cambios, de aventuras nuevas y de muchas decisiones que marcarían el resto del año.

Así siguió el año, donde casi pierdo a mi mejor amigo, quien tiene hoy su segunda oportunidad y planea vivirla con todo, te amo por eso Carlos.

Y siguieron los meses, donde decidí irme a vivir a Mérida, correr riesgos que antes jamás habría corrido, donde decidí darle una oportunidad al amor.

Este fue el año donde me despedí de mis hijos por más de un mes, y entendí, como buen padre, que les hacía daño y que había que ponerlos en cintura.

Hoy cierro el año agradecido. No tengo una sola cosa de la que me arrepienta, viene un año muy difícil pero sé esta vez no se trata de propósitos, ni de deseos; en cambio se trata de retos, de esperanza, de convicción y de muchos huevos y cabeza fría para madurar lo que me toca este año.

Conocerme ha sido cada vez más complejo, a veces me desespero, tiro la toalla y me siento a llorar, desesperado porque no sé qué hacer. Pero no estoy solo y ese ángel de la guarda que siempre me ha cuidado y llevado de la mano me está prestando sus alas una vez más para salir del bache, seguir peleando y darme cuenta de lo chingón que soy.

Voy a comenzar el año con el pie derecho, entendiendo que las montañas no se hacen chiquitas, pero que tienen una cima, y una vez que llegas ahí, puedes ver el atardecer en el horizonte, tomar todo el aire que puedas y bajar a toda velocidad porque el tiempo no se detiene.

Normalmente, terminaría el año hablando de las cosas que no hice, pero este año logré tantas cosas que solo me queda esperar a que llegue el amanecer y seguir soñando despierto.

Soy un luchador, un constructor de sueños hechos realidad y con eso basta.

Feliz año a todos, por trillado que suene, recuerda que tienes 365 oportunidades de comenzar de nuevo, y por más horrible que sea tu día, solo va a durar 24 hrs.

Gracias por leerme este año y nos vemos el 2016.

Rick.

 

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