Un simple adiós.

Te extraño, como a esos viejos y cómodos zapatos.
Te prefiero como a esos jeans que me puse hasta que se rompieron.
Te recuerdo, como a mi canción favorita que da vueltas una y otra vez en mi cabeza.

Te dejo ir porque ya entendí que no vas a cambiar, que vas a seguir prefiriendo la apariencia que la realidad y hoy también entiendo que si hubieras cambiado, tal vez tampoco sería la solución, porque serías otra persona y no quien me enamoró hace una vuelta al sol.

Me alejo, porque quiero seguir soñando contigo y despertar melancólico y no frustrado. Porque quiero pensarte con cariño y no con odio, porque quiero algún día poder ser tu amigo, hoy simplemente no puedo, no quiero.

Te perdono, por las canciones que no dedicaste, por las flores que no me diste, por ese viaje que nunca haremos a pesar de tanto haberlo planeado.

Te agradezco, por los buenos ratos, por enseñarme a dormir desnudo, por la compañía, por la paciencia, por intentarlo, gracias.

No sé si leerás esto, ni sé por qué lo escribo, solo sé que madurar duele y aprender a decir un simple adiós es más fácil que seguir una vida de complicaciones y dobles intenciones.

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